No vine a encajar. Vine a sentir, a crear y a cambiar sin pedir permiso.
Creo en los procesos incómodos, en las pausas que no se explican y en las versiones pasadas que también merecen respeto.
Mi cuerpo no es tendencia. Mi estilo no pide aprobación. Mi voz no se suaviza para agradar.
Creo en la intuición, en la estética que sostiene, en el caos que enseña y en la creatividad como refugio.
No romantizo el dolor, pero tampoco lo escondo.
Aquí no se viene a arreglarse. Se viene a acompañarse.
Estoy en proceso. Y eso, para mí, ya es fuerza.



